10/23/2010

Lindsay Lohan escándalos y problemas

Dos de las primeras 10 fotos que aparecen cuando se 'googlea' 'Lindsay Lohan' son imágenes de ella borracha, y entre las palabras más buscadas junto a su nombre están 'cárcel', 'flaca', 'anoréxica', 'cabello' y 'drogas'.

Son sólo una muestra de que esta princesa de Hollywood ha dado mucho que hablar con sus intentos fallidos de escapar de sus dos más grandes demonios: el alcohol y las drogas. Esto tiene a varios de los expertos del espectáculo preguntándose: ¿Y dónde quedó el talento? "El talento de Lohan es el escándalo -dice el crítico de televisión Ómar Rincón-. Ella expresa muchos de los traumas que vive la juventud contemporánea".

A los 24 años, esta neoyorquina ha pasado cinco veces por rehabilitación. La última fue el pasado 17 de septiembre, cuando escribió en su cuenta de Twitter: "El abuso de sustancias es una enfermedad que, desafortunadamente, no desaparece en una noche. Estoy trabajando duro para superarlo y estoy tomando pasos positivos. Este es un duro revés para mí, pero estoy tomando responsabilidad por mis acciones y estoy preparada para enfrentar las consecuencias".

Diez días después, entró en tratamiento en la clínica Betty Ford de Rancho Mirage (California), donde un mes de cuidado puede costar alrededor de 26.000 dólares y donde han sido tratadas celebridades como Ozzy Osbourne, Anna Nicole Smith y Johnny Cash.

El punto de quiebre
El doctor Augusto Pérez, especialista en adicciones, que ha tratado a varios famosos farmacodependientes, afirma que es mucho más tortuosa la rehabilitación de los famosos porque les cuesta ser humildes. "Siempre están pidiendo tratamientos especiales y si no los reciben se ponen furiosos", dice.

El quiebre, tras actuar en la comedia romántica 'Just my Luck' y recibir papeles pequeños en películas independientes, fue en el 2006. Aunque no hay un consenso sobre qué letal coctel de eventos llevó a Lohan hasta las garras de la adicción, documentos de prensa relacionan su conducta con factores como el final de su relación con Harry Morton (dueño de los famosos restaurantes Pink Taco, en Estados Unidos) o el hecho de que no creció en un núcleo familiar fuerte.

Los padres de Lindsay Lohan han tratado, en repetidas ocasiones, de sacarle provecho a la fama de su hija. Incluso tuvieron un reality llamado 'Living Lohan', en el que Lindsay casi nunca salió y que se centró en la figura de Aliana, la hermana mayor. La mamá (Dina) es una cantante y bailarina sin éxito. El padre (Michael) ha sido arrestado varias veces y aparece en los medios cada vez que Lindsay va a la corte.

En el 2008, cuando se confirmó la relación de la actriz con la DJ Samantha Ronson, fue el propio padre quien dijo en público que Lindsay es bisexual. Ella sólo ha respondido: "Tal vez sí, no quiero clasificarme".

Sin embargo, otras estrellas que tampoco han tenido los hogares más dulces del mundo sí logran mantener sus carreras en un rumbo fijo. Lindsay dio sus propias razones a su adicción en una entrevista a la revista Vanity Fair: "Gente a mi alrededor, me parece, se acercaba por razones equivocadas. Muchos estaban conmigo por, tú sabes, la fiesta".

Una terapia colectiva
El doctor Pérez está convencido de que el principal factor en las recaídas de las estrellas es el medio en el que se mueven, porque "uno no consume drogas por problemas personales, es un imaginario que la gente inventó".

"Es muy fácil caer en ese medio y a tan corta edad -coincide desde Los Ángeles Mario Amaya, miembro en calidad de periodista de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood-. Su popularidad llegó en una etapa de la adolescencia en la que uno no tiene definida su personalidad".

Pero, ¿por qué a la gente le gusta ver a los famosos caer?, ¿es sólo morbo? Para Rincón, las miserias de los famosos nos dan placer. "Ver cómo sufren es una terapia colectiva. Uno, como feligrés de esos dioses, puede decir: 'Yo no soy tan exitoso como ellos, pero sí soy mejor que las estrellas' ".

Lo cierto es que el público tiende a perdonar más a los artistas (en especial músicos) que están muy arraigados en sus carreras. "Si encuentran a los Rolling Stones consumiendo drogas, la gente no le pone mucha atención, porque saben que están sacando nueva música; pero cuando es un actor que está tomando drogas sólo por pasarla bien, empiezan a juzgar", dice Amaya.

Diferente de Paris
La vida de Lindsay no ha sido siempre tan oscura. Llegó al ojo público a los tempranos 3 años como modelo infantil, momento en el que sus padres se separaron por primera vez (se divorciarían por completo en el 2007, tras varias reconciliaciones inestables).

Luego, a los 12 años, estelarizó el remake de Disney 'The Parent Trap' y ganó un contrato para filmar otras tres películas con la compañía. Cinco años después, ya contaba con la suficiente imagen para ser anfitriona en los Premios MTV y en el programa 'Saturday Night Live'.

Al respecto, Amaya opina que Lindsay "no ha hecho nada sólido como actriz, es una starlight, por eso la gente se abalanza contra ella". De hecho, muchos de sus repuntes de popularidad, tras cada recaída, están seguidos de apariciones en desfiles reconocidos o vinculaciones a causas sociales, como las donaciones al terremoto en Haití.

Aún hay dudas entre el público sobre si en realidad es una joven con problemas o sólo una estrella incompleta con ganas de 'mojar' prensa. Después de todo, sus recaídas (conscientemente o no) han sido la mejor forma de llamar la atención.

"Su imagen está en el piso y existe una preocupación de que, si no se hace algo pronto, su carrera va a estar dañada permanentemente o va a terminar suicidándose", agrega Amaya.

Los problemas personales de la actriz comenzaron mucho antes de los escándalos con su compañera de parranda Paris Hilton y hoy el público parece comprender mucho más a Lohan que a la millonaria heredera. "Paris es sólo resultado del mercadeo. En cambio, Lohan representa a alguien que le busca un sentido a la vida pero fracasa", sentencia Rincón.

Es más, cuando Paris no pudo entrar en Japón por sus viejos cargos de posesión de cocaína, en Los Ángeles "hubo una especie de júbilo" -asegura Amaya-, "el sentimiento de que por fin no se le está dando tratamiento de realeza estúpida que se les suele dar a las celebridades".



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