7/18/2013

Los Premios Telva de Solidaridad marcan el comienzo del verano social

Todas de punta en blanco, y no es hipérbole. El verano ya está aquí y lo demuestran no sólo las altas temperaturas previstas para el largo «week-end». También se vio en la indumentaria usada para los Premios Telva a la Solidaridad, en los que el ganador del primero, José María Márquez, estuvo hablando veinte minutos en un cuasi discurso que pesó, incluso con su trasfondo humanitario en el África negra. Fue un alarde nada caritativo con donantes como Zara, El Corté Inglés o Volvo, también el Don Algodón representado por la gracia cada vez más serena de Mónica Silva. Fue de las pocas que acudió vestida de negro, quizá emparejada a los botines de cordón, línea sado, de una Judith Mascó que nunca acierta indumentariamente. Ni tampoco en las entrevistas televisivas. Cómo y de qué manera rotunda y graciosa la dejó K.O. Rossy de Palma en su reciente enfrentamiento en las pretenciosas y nada vistas «Cerezas» de La Primera. Julia Otero se pasa un montón. Va de marisabidilla por encima del bien y del mal y carga, ahuyenta y espanta al respetable. Un alarde de pesada inoportunidad oral, quizá como la del creador de «África directa».
   -Que no le premien el año próximo, así no soportaremos su prepotencia, opinaron a mi lado, muy cerca de la espléndida Marta Barroso. Mejora con los años, enfundada en unos ceñidos vaqueros que en tiempos hicieron temblar más de una pareja. Elegante a tope, con un refinamiento de los que ya no quedan y depurando con el tiempo, exhibió Ana Gamazo de Abelló un Donna Karan como antológico, en alpaca gris antracita, la falda con airosos godets en rejilla negra entonada con las medias de malla fina. Contrastaban con las coloradas de gruesa red de una Pasión Vega incorporada al jurado de «Telva». De blanco resaltaba, en una discreta gabardina corta de gordos botones, la dulzura de Patricia Rato, de melena más recortada, favorecedora y rubia, igual que en el caso de Gamazo. Su «chic» lo remataba una cartera de cocodrilo turquesa a modo de estuche. De lo que ya no se estila, una distinción genética heredada de mamá Pimpinela de Hohenlohe. Parece de chiste que siempre figure en el puesto catorce de la lista de elegantes en la que algunas son consagradas vía regalos o amistad. Contaba detalles –como el insólito silencio de los perros guardianes– del robo en su casa de Marbella, ya contado aquí. Todavía le dura el susto. Algo de lo que tómo nota Ana Botella, con nueva casa en El Paraíso, en la misma zona, camino de Estepona.
   -Pero solamente iremos en invierno, para que José se entretenga con el golf. Es un apartamento pequeñito, me explicaba. Así que no les veremos montando saraos estivales, aunque Ana casi podría presidir honoríficamente un club de primeras esposas, porque allí residen Concha Tallada, ex de Villalonga o la de Miguel Blesa. El conjunto primaveral que lució la concejala, en algodón crema de chaqueta y pantalón, fue casi repetido por Natalia Figueroa. Ana lo animaba con un colgante y unos pendientes de negras perlas de Tahití, un adorno muy estival aún sin Cary Lapique promocionándolas.

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